La ley de la física dice que una abeja no puede volar, cada principio aerodinámico dice que la amplitud de sus alas es muy pequeña para conservar su enorme cuerpo en vuelo, pero una abeja no lo sabe, ella no conoce nada de la física ni su lógica y vuela de todas formas.
Esto se deriva de que, en 1934 el entomólogo francés Antonie Magna y su asistente André Sainte-Laguë, calcularon que el vuelo de las abejas era “aerodinámicamente imposible”, aunque está enfocado más en los abejorros, que efectivamente tienen un cuerpo proporcionalemente mayor que el que podrían sostener sus alas, y aún así vuelan.
En 2005, el profesor de biología y experto en vuelo de insectos de la Universidad de Washington, Michael Dickson, publicó un estudio sobre el vuelo del abejorro en la revista Proceeding de la National Academy of Sciences.
De acuerdo con Dickson, el secreto para volar de estos insectos es contraria a la falsa creencia en la cual los abejorros agitan sus alas hacia arriba y hacia abajo, lo hacen; aunque en menor medida.
En realidad, el movimiento es algo más complejo, ya que lo hacen hacia delante y hacia atrás, pero con cierto ángulo de inclinación.